Barba Roja

Cosas de un pelirrojo.

Vicisitud

We are afraid to care too much, for fear that the other person does not care at all.

— Eleanor Roosevelt.

Pretérito trascendente. La magia de los comienzos espontáneos, impensados, fortuitos e imprevistos. La fortuna de lo diferente, del regocijo, de la aventura y la emoción. Las marcas. Lo especial, lo único, la felicidad, el interés, el tiempo, el perdón, el sacrificio, el cambio, el bien. La sensación de inagotable y benevolencia, la expresión con entereza y honestidad, la conexión imperiosa y la visión infinita.

De cuando la costumbre no es inapetente, anodina o corriente; en donde hay mutuas metas, se ciñen sueños y entrelucen entregas. Quien logra encender fuego en el mar, congelar las llamas, abrir la luz. Pero hay terremoto para temblores, tormenta para lloviznas, océano para gotas, sentimiento para placeres, eternidad para segundos. Qué lástima ser los segundos.

***

Uno va tejiendo con sus heridas el camino de la experiencia. Pero ese camino es interminable. Es posible escoger qué escribir, donde redactarlo y cuando corregirlo, pero no elegir quien lea contigo.

Andrés M. Bonilla Espinosa

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Personitas de cuatro patas y bestias de dos piernas

No hace falta tener cuatro patas para ser una bestia, eso fue lo que descubrí hoy recorriendo el Club Campestre Los Arrayanes de Bogotá.

Este proyecto que retrata a menor escala una ciudad como la capital de Colombia, está ubicada en la calle 213, a 5 minutos de la autopista norte hacia el occidente, cuenta con los espacios sociales apropiados para divertirse y pasarla bueno, sin eximirla de presenciar sucesos propios de Bogotá. Entre otras cosas, permite gran variedad de prácticas deportivas como golf, tenis, natación, bolos y finalmente los deportes ecuestres, una actividad  pagada por el que tiene con qué. Y es que en definitiva es más costoso mantener un caballo de competencia que 3 hijos cuando los papás reciben el salario mínimo colombiano. ¡Ah! Y que no se escapen los cuidados: la comida, el montador, el herrero, el veterinario, el cuidandero, la pesebrera y hasta las trencitas para que se vea lindo en los concursos.

11040092_896516770398759_1467985459_nMientras se desarrollaban las competencias de salto que organiza Fedecuestre, fui acompañado por la presencia de diversos amigos equinos, los cuales se encuentran en diferentes secciones del club, unos en las pesebreras, otros (los que pronto serán usados para concurso) en pequeñas parcelas de césped amarrados, todos ellos con sus grandes, tiernos y profundos ojos negros queriéndote decirte que los desates y los saques a pasear, a galopar, a correr, aunque en realidad desearían poder volar como lo hacen los pegasos. Sin embargo, alejándome de la mitología, tristemente la capacidad de volar es exclusiva de algunos insectos, casi todas las aves y los murciélagos. Aunque lo anterior no quita la belleza e imponencia de estos grandes animalitos, personitas de cuatro patas.

11051164_896524657064637_611742519_nCabe destacar que en los concursos la edad del jinete no es un factor determinante para asegurar su victoria. En el podio es posible encontrar tanto niñas de primaria como viejos con doctorado, lo cual es un atributo de inclusión que la convierte en una disciplina con resultados imprevistos. Lo único igual es la presión y la adrenalina, porque los obstáculos pueden llegar a medir más que una mujer asiática promedio. Generalmente, gana el equitador que recorra la pista en el menor tiempo posible sin cometer faltas, entendiéndose que las faltas son derribar una de las vallas saltables, la desobediencia del caballo, un error de recorrido, una caída del jinete o del mismo equino y excederse del tiempo límite. Por mí parte lo encuentro más entretenido que al golf, y más elegante que la rana y pola.

En la pista se ven reflejadas diferentes situaciones que emanan emociones propias del ser humano, y no está de más, el club se convierte en una parte más de eso que los teóricos llaman cotidianidad, mundo real. Durante la competencia de salto de 1 metro fui testigo de la propia decepción de un jinete que lloraba después de que su caballo se resistiera dos veces al intentar brincar el mismo obstáculo. Verlo así me hizo entender cómo puede llegar a doler un fracaso originado en la pasión. Pero los competidores no sólo se exponen al dolor interior, de hecho, son más propensos a recibir daños exteriores, tal como le ocurrió a una montadora que perdió el control de su yegua al ir como volador sin palo. Intuyo que ella aprenderá que más vale llegar tarde que nunca. Y nunca llegó porque la expulsaron. En este concurso los ganadores fueron algunos estudiantes de Andrés Müller y otros del equipo del humilde Club El Rancho.

11039408_896516787065424_1666595412_nLos binomios, es decir, las combinaciones entre jinete y caballo (o yegua), son tan numerosos como los cabellos de una crin, además, a pesar de la diferencia de especies, son dos seres que conforman un equipo y depende del trabajo de ambos para poder hacer las cosas bien. Al dirigirme a la competencia realizada al aire libre, en un campo verde que parecía tallado por Michelangelo, descubrí una de esas combinaciones que me mostró una actuación tan gris como la actualidad bogotana: un jinete azotando a su caballo cual si fuese un objeto inanimado, como si fuese una roca, una roca como la que ese equitador tiene en lugar de corazón.  El montador no consiguió que su equino saltara un obstáculo y la reacción que tomó fue transformarse en una bestia de dos piernas. Pronto le llamaron la atención las personas a su alrededor y recordé que cuando recién le vi, justo me había advertido una transeúnte que era un cretino o un creído, no distingo cuál de las dos palabras dijo pero igual ambas le quedan.

11040770_896516757065427_545071249_nYo con algo de espacio en el estómago dejé el club y en el recorrido de regreso, luego de almorzar un pseudo-asado delicioso por la calle 209, cual barriga llena y corazón dudoso, pude apreciar que no importa si los lugares se encuentran fuera de la realidad ciudadana, pues no es un reino alejado de las manos urbanas, sus integrantes no dejan de lado las emociones y dolores verdaderos, y, al igual que en la ciudad, algunos son humanos y otros no tanto.

Andrés Mauricio Bonilla E.

Tedio

Teens think listening to music helps them concentrate. It doesn’t. It relieves them of the boredom that concentration on homework induces.
— Marilyn vos Savant (World’s highest IQ).

Una mezcla entre bajas cantidades de interés, una estrecha relación con la languidez, el hecho de estar expuesto a un frígido clima que predispone a la hipocresía: mía, suya, de ustedes, de nosotros. Pero el propósito de este manifiesto no es levantar acusaciones ni reproducir un intento de cultura urbana subersiva. No. Pero me propongo elaborar la última carta con ínfulas de desmotivación y tinta muerta.

Existen búsquedas incesantes, desgastantes y desorientadas. Más que nada desorientadas. Uno no puede apuntarle a las peras que nunca entregará el olmo. Cuando la intesidad de la pasión es rodeada por una neblina insípida, el calor se espanta. Las metas se alejan. El ánimo huye. La perspectiva se deprime. Los anhelos decaen. Los colores pierden su brillo.

Tengo dos miedos. El primero de ellos caminar. Porque las calles oscuras son inseguras incluso enfrente del hogar. Y porque a veces uno camina en compañía pero solo, ¿sí me entiende?

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El escándalo de mi silencio ensordece la melodía. La locura de mi lógica derrama sobras de cordura. La estabilidad de lo variable me asusta. La insatisfacción de los logros me angustia. Prefiero desvelarme aferrado a mis sueños, que dormir sin ellos.

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El otro miedo es el de enloquecer en la pasividad del tedio, por ausencia de espontaneidad y por exceso de certeza. El rol de espectador no nació conmigo, pero acá estoy, observando, esperando y acatando. Luego uno se convierte en el potencial marinero que no zarpó desde su zona de confort al mundo. No el real, ni ideal. Pero sí a un mundo en el que sonreír es un acto natural y no un mecanismo para engañarse a uno mismo.

Andrés Mauricio Bonilla E.

Después del primer beso

A kiss is a lovely trick designed by nature to stop speech when words  become superfluous.

— Ingrid Bergman.

Hace 10 meses describí livianamente una de las maneras de hacer amigos. Amigos que finalmente se besan. Prometí exponer las medidas para llevarlo adecuadamente.

Preámbulo
Las personas en cuestión, es decir, usted y alguien más deben asegurarse de cumplir tres condiciones funcionales:

  1. Gustarse de verdad. Comprobar que este requisito se aprueba es sencillo, sólo tiene que esperar a que otro individuo mencione el nombre del personaje que le interesa. Si repentinamente sensaciones de alivio, regocijo y brío le invaden de manera desigual las curvas, las esquinas y rincones del cuerpo, en efecto le gusta.
  2. Ser receptivos y sinceros con las intenciones. Es menester que las acciones de los involucrados sean francas, no sinuosas. En caso contrario, infortunadamente, las ilusiones de al menos alguno palidecerán. No sean hij… malos seres humanos.
  3. Paciencia. Evitar  rotundamente apresurar los procedimientos post-primer beso; complázcanse de a poquitos y así tendrán más tiempo de deleitarse con lo mejor de una relación cuando no tiene título ni etiquetas.

Hemos cumplido las condiciones
En el fructuoso caso de garantizar el cumplimiento de las tres sugerencias anteriores, ustedes están preparados para disfrutar el acontecimiento que hace actuar como idiotas, cursis e incoherentes a los seres humanos: la atracción mutua.

Qué no hacer
Para que la zalamería prolongue su marcha triunfal y no se convierta en un vericueto, suspendan o eludan las siguientes manifestaciones.

  • Ubicuidad: ganas de querer presenciar todos y cada uno de los momentos de la vida del otro. Es ley compartir un gran número de momentos para nutrir y consolidar los lazos amorosos, pero las prioridades adquiridas antes de que todo el sentimentalismo empezara merecen el debido respeto. No sofoquen, pero tampoco hagan sentir al otro como si estuviera pintado en la pared.
  • Fluctuaciones en la personalidad: Cuando las personas se conocen, gustan o no por sus actitudes. A nadie le agrada que le cambien las reglas del contrato. Si usted ejecuta hechos que demuestran contradicción en la forma de ser con la que le conocieron, pues que pena pero va a dejar de ser interesante.
  • Irrespetar los pactos: Ya sean mediaciones después de las discusiones o acuerdos en cuanto a la manera de comportarse con otros individuos, es vital esmerarse por cumplirse a sí mismo y a el/la compañero(a). La persona que no se toma en serio las cosas sencillamente estorba.

Epílogo
Si bien lo único infinito es la estupidez humana, hay que gozarse lo efímero. Utilicen los besos cuando las excusas se vuelvan superfluas, pero aténganse a las eventualidades que causan dolor y sean conscientes de que, en más de una ocasión, la respuesta para arreglar los daños no son las palabras.

AM.

Espontánea

You must plan to be spontaneous.

— David Hockney.

Planear, calcular, soñar. Los seres humanos en su libre albedrío formulan su vida sintonizando senderos intransigentes, férreos o dicotómicos. Ceñidos bajo planes herméticos, transitan psicorrígida y presurosamente en la línea que aparentemente les lleva al cumplimiento de sus objetivos. Pero el juego de la vida no es un azar de figuras geométricas perfectas; prevalecen las formas irregulares expresadas en contingencias defectuosas, contrarias y destructivas que transgreden, menoscaban o arruinan el acto de arribar a la meta.

¿Qué prima al momento de tomar una decisión, al llevar a cabo una acción? No es arriesgado declarar que la racionalidad es la propiedad por excelencia para establecer rotundamente las coordenadas de una travesía, en la que cada individuo toma el rol de almirante y construye preceptos, fundando hechos basados en la retrocausalidad: aguardando por la causa del efecto. A contramano, las personas disfrutan de su facultad para sobrevenir en el vicio de la ucronía -la reconstitución de la existencia pretérita-, siendo esta la consideración que permite secundar la expresión “todo tiempo pasado fue mejor”.

Es factible producir el indescifrable futuro, es viable reescribir los recuerdos del pasado, sin embargo, los sentimientos generados por la insatisfacción del deber incumplido, la tristeza a causa del anhelo truncado, el dolor por el reconocimiento de los errores, se convierten en arrugas corpulentas dentro del alma. La expectativa es la primera causa de la decepción; la acumulación de desilusiones proviene del accidente de intentar imponer la condición de inmutable a un elemento tan volátil como es el porvenir.

Ahora bien, es relevante que usualmente la razón y la intuición no asientan juicios ecuánimes: la primera quiere buscar la alegría, la segunda desea encontrar la felicidad. En la guerra por el bienestar, la reflexión y el presentimiento se disputan por ser la elección del hombre y el único determinante es la pasión. Es menester escoger aquel que no cause una sonrisa en el cerebro sino que origine éxtasis en el interior. Si puede describirse con palabras la sensación, es conveniente rechazar la preferencia de esa decisión. Basta con que sea espontánea.

 AM.