Con alma de viejo

por andbonilla

El título de este escrito habla por sí solo y ciertamente es la mejor manera en la que puedo resumir mi experiencia diaria viviendo.

Odiando ser existencialista y encantado de ser reflexivo, me veo antojado de contar un poquito de mí, algo más íntimo. Para comenzar, por ejemplo, me llamo Andrés Mauricio. Ginger (pelirrojo) de nacimiento, instruído con garantías maternas y aunque con menos frecuencia pero no de menor calidad, con tertulia paterna. Dicen las lenguas ilustradas (profesores) que soy un buen alumno, mientras que las malas bocas sacian con la inconsciencia el paladar, acotando que soy engreído, jactancioso, y se puede seguir con adjetivos sinónimos del primero.

Si bien no hay manera no subjetiva de describirse, dejo a los demás la crítica constructiva -y destructiva- de las acciones que son desarrolladas con mi personalidad, sin embargo, no les doy el super poder de valorarme de manera determinante. Aunque probablemente nadie conozca más de nosotros que nuestro ego, leyéndose como el concepto de yo, (no menciono a Dios para abarcar a más comunidad) ni nosotros mismos llegaríamos a realizar una introspección tan eficiente como para dar cuenta exacta de quiénes somos. Pero sin duda, individualmente nuestras voces pueden retratar la pintura de nuestra conciencia, también individualmente.

Retomando el hecho de la cavilación sobre cómo me siento:

Presiento indudablemente que terminaré en un círculo exclusivo de veteranos lectores que en el alba salen a hacer ejercicio en algún paisaje al aire libre, quizás muy boscoso; en el crepúsculo vespertino nos sentaremos en un salón a escuchar música clásica para que después contemos nuestras experiencias de vida en una cena amena, y a continuación dormitar o pernoctar con sueño de viejo, dependiendo. Todo eso si antes no me suicido.

Intuyo la época de jubilación de esa manera y no de otra, pues seguramente ya he hecho las suficientes cosas que en este preciso momento anhelo con fervor jovial.

Hoy por hoy las personas se jactan de autodenominarse diferentes, con lucidez predican que cambiarán el mundo. Suena bastante interesante aunque sea clichesudísimo (esa palabra no existe); antes que nada requiere de práctica. Mi pasión por la exposición de mi pensamiento en letras (escribir) se desató vertiginosamente, al tiempo que mi amor por la lectura se convirtió en algo muy sincero y fundamentado en la actitud subversiva y necesaria de producir mi propia filosofía, porque me parece muchísimo más atractivo generar un pensamiento personal que seguir las actividades comunes de las masas.

Ha sido todo un esfuerzo declararme trascendental (antónimo de superficial) debido a que es menester ver con los ojos del alma y no con los de la cara. Significa dejar a un lado toda apariencia que es percibida bajo la congregación de sensaciones del pasado que oscurecen las del presente. Es la capacidad de no impactarse o juzgar at first sight y mejor concluir con un dictamen en base de aquello intangible. A mí me parece poco efectivo guiarse por lo que se denomina estéticamente simétrico para formar una relación, un vínculo interpersonal, sea una amistad o algo amoroso (de pareja). A grandes rasgos las comunidades están obsesionadas por el “qué dirán” que conlleva a preocupaciones tan banales como la vanidad, la concupiscencia, la envidia, la exclusión social, la condescendencia, el arribismo, la etiqueta, entre otros comportamientos humanos.

Sé que de manera aleatoria a las personas nos urge construir un manifiesto, y mi vida es un constante devenir filosófico. Estoy convencido de que en mi entorno familiar nadie podría entenderme, mi círculo de amigos cercanos casi es inexistente y es por eso que yo le hablo a la audiencia en general: ustedes. A expensas de todas las descripciones que hagan de mí, lo que verdaderamente me representa es mi estado reflexivo, el que demuestro cuando escribo.

Es como si mi alma le doliera hace años la actitud de la sociedad, como si fuera senil, pero a pesar de eso desconoce su fecha de caducidad: el alma es eterna. Grita en el anochecer la guerra que ha vivido y ya no le importa lo que digan los demás, pero espera diariamente un cambio. Yo ya he aportado al mundo en ese acto de cambiar, simplemente pensando diferente.

AM.

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