Manifiesto del desencanto

por andbonilla

Solía compartirle todo.
Las mañanas, las sonrisas, la alegría, la incertidumbre, las tardes, las dudas, los miedos, el ánimo, los sueños, la satisfacción, las noches, el placer, el amor.
Me enriquecía verle, porque reía de manera inagotable, tenía una sensación de comodidad que llevaba a una hiperestesia que me encantaba. Mis expresiones faciales me delataban en cada cita. Sin embargo, fue otra intención infructuosa.

Siempre he pensando en que se debe prescindir del resto del mundo porque
sin duda Shakespeare tiene la absoluta razón cuando dice que “la expectativa es la raíz de todos los dolores del corazón“. Ante cada intento de relación he dado siempre sentimientos sin racionarlos, sin terror, sin desconfianza. Pero las leyes de reciprocidad no parecieron incluirse en mi creencia del karma.

Imbécil enamoradizo.
Seguramente en mi vida pasada habitaba en una tierra de cursilería y romanticismo. De afecto entregado sin condiciones. De compromiso. Este es el nuevo mundo en el que debo vivir, lleno de falsas esperanzas, infidelidad, vanidad; nada filosófico. Las tentaciones se encuentran en cada esquina, las promesas son desvaloradas por el acto de romperlas, porque son usadas perfectamente para quebrar corazones, para ilusionar a una sociedad que vive soñando.

He muerto muchas veces.
La acumulación de decepciones hacen que mueras. Dejas de vivir por un tiempo cada vez que mentalmente caes al suelo desde un cielo al que llegaste con anhelos. En la guerra y en el amor no todo debería valerse, porque el libre albedrío en ambos temas es idénticamente destructivo.

Lágrimas, nudos de garganta, ira, desencanto. Las fantasías son terribles complacientes porque después de un tiempo tienes que regresar a la realidad.
Y la realidad es detestable, pero vivimos en ella, es una hermana con la que
hay convivir, es venenosa, sanadora, peligrosa.

Pero detrás de la angustia, de la ganas de renunciar a todo, bajo el manto del desaliento, hay una sonrisa de un alma desgastada que espera fulgurar en
una dolorida penumbra. Yo sigo esperanzado.

AM.

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