Sobre la razón para amar la escritura

A reading man and woman is a ready man and woman, but a writing man and woman is exact.

— Marcus Garvey.

En el 2010 redacté mi primer ensayo. Era todo, menos un ensayo. No había manejado antes con sagacidad ese denso estilo del discurso, hasta que gracias a la intervención discrecional de agentes diestros y letrados, descubrí oportunamente la manera correcta de escribir un texto argumentativo. Fue un momento en mi vida bastante entretenido, el cual puede estar, sin vacilación, en un término medio de la reacción del bebé al caminar erguido y una niñita enamorada. En síntesis: hubo emoción. Con el transcurso del tiempo, la adquisición de cultura y experiencia, el arribar de la madurez, los momentos boyantes y aciagos; la vida misma, en general, la forma en la que construía ideas y dominaba los esquemas de escritura de cada proyecto, se llenaba de recursos formidables y menos neófitos comparándole con la obra anterior. Cada día apuntaba mejor en el núcleo de lo inmejorable. Sin embargo, lograr la perfección no es un objetivo cuantificable. Así que me encontraba ante un propósito infinito.

El diccionario y la literatura han sido mis más incondicionales compañeros, los que en la rutina exhiben un placentero mundo en el que la escasez no tiene cabida. Esa propiedad de abundancia en la tierra de las letras me sugestiona, tienta y absorbe. Escribo a la existencia, a cualquier ser que desee leer, es una intención que se aproxima al que la quiera tomar, así que mis palabras son libres, son de nadie y de todos. Organizar las consonantes y vocales para edificar un mensaje que llegue a la consciencia, o al menos al corazón, es un reto con resultados gratificantes; más allá de la adulación y del agasajo, la razón para amar la escritura es por ser el grito imperioso de la imaginación inmaculada, la pieza apodíctica de la emancipación, el susurro del amante y la venganza del esclavo.

El ruido puede ser sólo escuchado por el viento, pero lo escrito queda impregnado en el oxígeno, es transportado a todo lo que vive, a todo lo que puede morir. La escritura da vida, queda en la memoria de la historia y en el recuerdo de la muerte. Es perpetua.

AM.