Espontánea

You must plan to be spontaneous.

— David Hockney.

Planear, calcular, soñar. Los seres humanos en su libre albedrío formulan su vida sintonizando senderos intransigentes, férreos o dicotómicos. Ceñidos bajo planes herméticos, transitan psicorrígida y presurosamente en la línea que aparentemente les lleva al cumplimiento de sus objetivos. Pero el juego de la vida no es un azar de figuras geométricas perfectas; prevalecen las formas irregulares expresadas en contingencias defectuosas, contrarias y destructivas que transgreden, menoscaban o arruinan el acto de arribar a la meta.

¿Qué prima al momento de tomar una decisión, al llevar a cabo una acción? No es arriesgado declarar que la racionalidad es la propiedad por excelencia para establecer rotundamente las coordenadas de una travesía, en la que cada individuo toma el rol de almirante y construye preceptos, fundando hechos basados en la retrocausalidad: aguardando por la causa del efecto. A contramano, las personas disfrutan de su facultad para sobrevenir en el vicio de la ucronía -la reconstitución de la existencia pretérita-, siendo esta la consideración que permite secundar la expresión “todo tiempo pasado fue mejor”.

Es factible producir el indescifrable futuro, es viable reescribir los recuerdos del pasado, sin embargo, los sentimientos generados por la insatisfacción del deber incumplido, la tristeza a causa del anhelo truncado, el dolor por el reconocimiento de los errores, se convierten en arrugas corpulentas dentro del alma. La expectativa es la primera causa de la decepción; la acumulación de desilusiones proviene del accidente de intentar imponer la condición de inmutable a un elemento tan volátil como es el porvenir.

Ahora bien, es relevante que usualmente la razón y la intuición no asientan juicios ecuánimes: la primera quiere buscar la alegría, la segunda desea encontrar la felicidad. En la guerra por el bienestar, la reflexión y el presentimiento se disputan por ser la elección del hombre y el único determinante es la pasión. Es menester escoger aquel que no cause una sonrisa en el cerebro sino que origine éxtasis en el interior. Si puede describirse con palabras la sensación, es conveniente rechazar la preferencia de esa decisión. Basta con que sea espontánea.

 AM.