Barba Roja

Cosas de un pelirrojo.

Categoría: Relatos

Personitas de cuatro patas y bestias de dos piernas

No hace falta tener cuatro patas para ser una bestia, eso fue lo que descubrí hoy recorriendo el Club Campestre Los Arrayanes de Bogotá.

Este proyecto que retrata a menor escala una ciudad como la capital de Colombia, está ubicada en la calle 213, a 5 minutos de la autopista norte hacia el occidente, cuenta con los espacios sociales apropiados para divertirse y pasarla bueno, sin eximirla de presenciar sucesos propios de Bogotá. Entre otras cosas, permite gran variedad de prácticas deportivas como golf, tenis, natación, bolos y finalmente los deportes ecuestres, una actividad  pagada por el que tiene con qué. Y es que en definitiva es más costoso mantener un caballo de competencia que 3 hijos cuando los papás reciben el salario mínimo colombiano. ¡Ah! Y que no se escapen los cuidados: la comida, el montador, el herrero, el veterinario, el cuidandero, la pesebrera y hasta las trencitas para que se vea lindo en los concursos.

11040092_896516770398759_1467985459_nMientras se desarrollaban las competencias de salto que organiza Fedecuestre, fui acompañado por la presencia de diversos amigos equinos, los cuales se encuentran en diferentes secciones del club, unos en las pesebreras, otros (los que pronto serán usados para concurso) en pequeñas parcelas de césped amarrados, todos ellos con sus grandes, tiernos y profundos ojos negros queriéndote decirte que los desates y los saques a pasear, a galopar, a correr, aunque en realidad desearían poder volar como lo hacen los pegasos. Sin embargo, alejándome de la mitología, tristemente la capacidad de volar es exclusiva de algunos insectos, casi todas las aves y los murciélagos. Aunque lo anterior no quita la belleza e imponencia de estos grandes animalitos, personitas de cuatro patas.

11051164_896524657064637_611742519_nCabe destacar que en los concursos la edad del jinete no es un factor determinante para asegurar su victoria. En el podio es posible encontrar tanto niñas de primaria como viejos con doctorado, lo cual es un atributo de inclusión que la convierte en una disciplina con resultados imprevistos. Lo único igual es la presión y la adrenalina, porque los obstáculos pueden llegar a medir más que una mujer asiática promedio. Generalmente, gana el equitador que recorra la pista en el menor tiempo posible sin cometer faltas, entendiéndose que las faltas son derribar una de las vallas saltables, la desobediencia del caballo, un error de recorrido, una caída del jinete o del mismo equino y excederse del tiempo límite. Por mí parte lo encuentro más entretenido que al golf, y más elegante que la rana y pola.

En la pista se ven reflejadas diferentes situaciones que emanan emociones propias del ser humano, y no está de más, el club se convierte en una parte más de eso que los teóricos llaman cotidianidad, mundo real. Durante la competencia de salto de 1 metro fui testigo de la propia decepción de un jinete que lloraba después de que su caballo se resistiera dos veces al intentar brincar el mismo obstáculo. Verlo así me hizo entender cómo puede llegar a doler un fracaso originado en la pasión. Pero los competidores no sólo se exponen al dolor interior, de hecho, son más propensos a recibir daños exteriores, tal como le ocurrió a una montadora que perdió el control de su yegua al ir como volador sin palo. Intuyo que ella aprenderá que más vale llegar tarde que nunca. Y nunca llegó porque la expulsaron. En este concurso los ganadores fueron algunos estudiantes de Andrés Müller y otros del equipo del humilde Club El Rancho.

11039408_896516787065424_1666595412_nLos binomios, es decir, las combinaciones entre jinete y caballo (o yegua), son tan numerosos como los cabellos de una crin, además, a pesar de la diferencia de especies, son dos seres que conforman un equipo y depende del trabajo de ambos para poder hacer las cosas bien. Al dirigirme a la competencia realizada al aire libre, en un campo verde que parecía tallado por Michelangelo, descubrí una de esas combinaciones que me mostró una actuación tan gris como la actualidad bogotana: un jinete azotando a su caballo cual si fuese un objeto inanimado, como si fuese una roca, una roca como la que ese equitador tiene en lugar de corazón.  El montador no consiguió que su equino saltara un obstáculo y la reacción que tomó fue transformarse en una bestia de dos piernas. Pronto le llamaron la atención las personas a su alrededor y recordé que cuando recién le vi, justo me había advertido una transeúnte que era un cretino o un creído, no distingo cuál de las dos palabras dijo pero igual ambas le quedan.

11040770_896516757065427_545071249_nYo con algo de espacio en el estómago dejé el club y en el recorrido de regreso, luego de almorzar un pseudo-asado delicioso por la calle 209, cual barriga llena y corazón dudoso, pude apreciar que no importa si los lugares se encuentran fuera de la realidad ciudadana, pues no es un reino alejado de las manos urbanas, sus integrantes no dejan de lado las emociones y dolores verdaderos, y, al igual que en la ciudad, algunos son humanos y otros no tanto.

Andrés Mauricio Bonilla E.

Alegoría de la misantropía

Ni retraído, ascético o intratable, pero a pesar de no contar con características que le aislaran de la sociedad, cada día era más insatisfecho que el anterior al acabar la vigesimocuarta hora de una insípida jornada. Rutina, costumbre, repetición; soledad era el estribillo de su vida, una vida invariable, estática y monótona.

¿Qué hace un ser humano rodeado de individuos pero sin la compañía de personas? Algunas situaciones eran especiales, dinámicas, jubilosas, que complacían y llenaban temporal y brevemente una oquedad de un elemento incorpóreo, ese elemento inmaterial, abstracto y espiritual que es una aspiración infinita, una potencia mística que puede pesar 21 gramos, o quizás no. Sí, el alma. 

No era cuestión de realizar una labor, una actividad faltante; su famélica, menesterosa e insustancial cotidianidad solicitaba con afán un hecho, una acción que transgrediera y diversificara esa existencia insaciable, vociferando con brío y pesadumbre la necesidad de una metamorfosis. Pero no, requería una utópica resurrección. Era eso, en realidad estaba muerto en vida.

AM.

Lo que ella esperaba

R.

Fue en una tarde sabatina. Las telas vaporosas de su atuendo la hacían ver aun más delicada, más afectiva y sensible. Sus pómulos azafrán exhibían una liviana franqueza y sus finos labios rosados reflejaban una afable mujer. Alejada de la incomprensión de su familia, la hipocresía de sus amistades y el desengaño de sus amores, ha vivido sola y soltera por mucho tiempo, dedicando su tiempo a sus amantes, los libros; sus sueños a su confidente, la almohada. Decidió asistir a una obra teatral ordinaria. Se ubicó en el medio del salón, le gustaba mantenerse en término gris, entre la expectativa y la frustración. En el clímax de la historia su nariz se volvió su aliada -quizás su enemiga- al advertir la fragancia masculina que estaba junto a su silla. La mágica mezcla de olores le sugirió observar al caballero que disfrutaba con la escena elaborada. No le impresionaba la manera en la que lucía, solamente su aroma, parecía transportarla a un estado de sosiego que le encantó. Eventualmente se intercambiaron miradas ávidas y traviesas que ejercieron un nivel de confianza. Entre el drama y emoción de falsos disparos producidos por los personajes, Rida apretaba con lozanía y arbitrio el brazo del hombre. Ambos complacidos.

Ella esperaba algún avance en la interacción con el hombre, pero al finalizar la obra Donat se marchó sin apremio. Para Rida fueron minutos de emotividad, esparcimiento y sonrojo, se sintió consumada ante la breve ocasión. A pesar de que fue una aparición súbita, sus sentidos de mujer fueron totalmente deleitados por aquel caballero. Si bien ella no anticipaba su retirada igualmente repentina, deseó profundamente ver de nuevo a Donat; sin embargo, acostumbrada a la desesperanza y la falta de iniciativas, dejó de pensar en él y en los recuerdos fatídicos para sonreír de nuevo en la realidad hermética, acompañada por sus amigos inmortales: su almohada y sus libros.

AM.

Con alma de viejo

El título de este escrito habla por sí solo y ciertamente es la mejor manera en la que puedo resumir mi experiencia diaria viviendo.

Odiando ser existencialista y encantado de ser reflexivo, me veo antojado de contar un poquito de mí, algo más íntimo. Para comenzar, por ejemplo, me llamo Andrés Mauricio. Ginger (pelirrojo) de nacimiento, instruído con garantías maternas y aunque con menos frecuencia pero no de menor calidad, con tertulia paterna. Dicen las lenguas ilustradas (profesores) que soy un buen alumno, mientras que las malas bocas sacian con la inconsciencia el paladar, acotando que soy engreído, jactancioso, y se puede seguir con adjetivos sinónimos del primero.

Si bien no hay manera no subjetiva de describirse, dejo a los demás la crítica constructiva -y destructiva- de las acciones que son desarrolladas con mi personalidad, sin embargo, no les doy el super poder de valorarme de manera determinante. Aunque probablemente nadie conozca más de nosotros que nuestro ego, leyéndose como el concepto de yo, (no menciono a Dios para abarcar a más comunidad) ni nosotros mismos llegaríamos a realizar una introspección tan eficiente como para dar cuenta exacta de quiénes somos. Pero sin duda, individualmente nuestras voces pueden retratar la pintura de nuestra conciencia, también individualmente.

Retomando el hecho de la cavilación sobre cómo me siento:

Presiento indudablemente que terminaré en un círculo exclusivo de veteranos lectores que en el alba salen a hacer ejercicio en algún paisaje al aire libre, quizás muy boscoso; en el crepúsculo vespertino nos sentaremos en un salón a escuchar música clásica para que después contemos nuestras experiencias de vida en una cena amena, y a continuación dormitar o pernoctar con sueño de viejo, dependiendo. Todo eso si antes no me suicido.

Intuyo la época de jubilación de esa manera y no de otra, pues seguramente ya he hecho las suficientes cosas que en este preciso momento anhelo con fervor jovial.

Hoy por hoy las personas se jactan de autodenominarse diferentes, con lucidez predican que cambiarán el mundo. Suena bastante interesante aunque sea clichesudísimo (esa palabra no existe); antes que nada requiere de práctica. Mi pasión por la exposición de mi pensamiento en letras (escribir) se desató vertiginosamente, al tiempo que mi amor por la lectura se convirtió en algo muy sincero y fundamentado en la actitud subversiva y necesaria de producir mi propia filosofía, porque me parece muchísimo más atractivo generar un pensamiento personal que seguir las actividades comunes de las masas.

Ha sido todo un esfuerzo declararme trascendental (antónimo de superficial) debido a que es menester ver con los ojos del alma y no con los de la cara. Significa dejar a un lado toda apariencia que es percibida bajo la congregación de sensaciones del pasado que oscurecen las del presente. Es la capacidad de no impactarse o juzgar at first sight y mejor concluir con un dictamen en base de aquello intangible. A mí me parece poco efectivo guiarse por lo que se denomina estéticamente simétrico para formar una relación, un vínculo interpersonal, sea una amistad o algo amoroso (de pareja). A grandes rasgos las comunidades están obsesionadas por el “qué dirán” que conlleva a preocupaciones tan banales como la vanidad, la concupiscencia, la envidia, la exclusión social, la condescendencia, el arribismo, la etiqueta, entre otros comportamientos humanos.

Sé que de manera aleatoria a las personas nos urge construir un manifiesto, y mi vida es un constante devenir filosófico. Estoy convencido de que en mi entorno familiar nadie podría entenderme, mi círculo de amigos cercanos casi es inexistente y es por eso que yo le hablo a la audiencia en general: ustedes. A expensas de todas las descripciones que hagan de mí, lo que verdaderamente me representa es mi estado reflexivo, el que demuestro cuando escribo.

Es como si mi alma le doliera hace años la actitud de la sociedad, como si fuera senil, pero a pesar de eso desconoce su fecha de caducidad: el alma es eterna. Grita en el anochecer la guerra que ha vivido y ya no le importa lo que digan los demás, pero espera diariamente un cambio. Yo ya he aportado al mundo en ese acto de cambiar, simplemente pensando diferente.

AM.

De nuevo

Me cambié.

Agradezco mucho a las personas que leían los ensayos, relatos, diálogos y otras formas de escritos en mi blog de blogger (invención de Google). Más de 18.800 visitas desde que comencé a publicar algunas cosas académicas que finalmente se fueron convirtiendo en productos más subjetivos, más míos. Mi pasión hace unos años no era escribir, ni tampoco alguna clase de hobby, de hecho no tenía consciencia de mi habilidad para redactar. Lo digo de esa manera porque ha medida que he sacado aportes argumentativos o literarios, varias personas -conocidos, familiares y extraños- se han involucrado y me han hecho saber que tengo esa capacidad.

Ahora bien, y como tema central de este post comentaré respecto al cambio de alojamiento. Si bien utilizaba antes la herramienta blogger, donde aparecen algo más de 30 entradas, desde hace unas semanas -aunque ya me había ocurrido anteriormente- me ha molestado bastante las fallas (bugs) en la visualización de la plantilla que he diseñado en el blog. Me parece de lo más tedioso que uno quiera presentar algo organizado, bonito e intuitivo para permitir la navegación de los lectores, y de manera aleatoria, se presenta algo erróneo, incompleto y sencillamente un alboroto. Siendo análogos con un caso profesional: simplemente me comparo con el artista cuando su obra es embardunada con hollín. A lo mejor les ha sucedido con algún trabajo estético e incluso con una carta. Té-tri-co.

Por tanto y aprovechando el cambio, conociendo previamente wordpress, nunca había probado construir algo en esta plataforma. Hoy empecé a descubrir los features y me agradaron en una forma curiosa. Acogiendo a la complicidad como una fiel compañera, quiero disfrutar de la transición y hacer cosas nuevas. Lo que está en blogger se queda allá y puede seguir siendo leído, es una etapa que refleja peculiarmente mi pensamiento. Sin embargo, como me fascina reinventarme, este es sin duda el mejor momento de hacerlo. Vienen proyectos nuevos, frescos e híbridos para la audiencia de siempre y para nuevos espectadores. Terminando con una frase simple les dejo:

El cambio en todas las cosas es dulce.

— Aristóteles.

AM.